martes, 14 de abril de 2009

SIEMPRE EN OVIEDO:CORRECCIONES AL REFRANERO

Era común hasta ahora el dicho "El que la hace, la paga" conforme al cual las malas acciones llevaban aparejada -bien es verdad que más tarde que pronto- el correspondiente castigo. Es cierto que cuestión distinta era la de discernir quien era el responsable de la correspondiente punición: en este punto, el refranero -conciente de las limitaciones de la justicia humana- miraba más alto y de ahí el "Dios castiga sin piedra ni palo". Pero naturalmente, en estos tiempos de relativsmo e irreligiosidad no es de esperar nada de la providencia de ahí los oportunos ajustes al refranero de los que ha tomado nota diligentemente el Ayuntamiento de Oviedo con ocasión de la resolución de las licitaciones del conocido como "Plan Zapatero" (éste sí providencial para un concejo al borde de la quiebra). En efecto, señalan hoy los periódicos -citamos por la inefable LNE, p. 3- que Sánchez y Lago ("levantando el velo" para entendernos: la mitad de la maltrecha sociedad Jovellanos XXI) consigue las obras para rellenar el agujero del talud de la Ería -obra también por cierto de Jovellanos XXI que horadó con saña el talud hace unos años con ocasión de un fallido proyecto de aparcamiento subterráneo vinculado al futuro Hospital Central (que suponía la empresa de las familias Lago y Cosmen que iría en el Cristo)-. Como es sabido, la decisión de trasladar el hospital a La Cadellada llevó aparejada la pérdida de utilidad del proyectado aparcamiento, cesando las obras y obteniendo, no obstante, la empresa uina indemnización del Ayuntamiento y dejando como regalo el inmenso "furacón". Por si fuera poca la indemnización, hoy no enteramos de que Sánchez y Lago es la adjudicataria de las obras en cuestión por las que percibirá una suculenta cantidad. De suerte que, al menos en Oviedo el refrán dice ahora que "al que la hace, le pagan"

domingo, 8 de febrero de 2009

LLINGUA TRABUCÁ

Escribe hoy la Directora de Política Lingüística del Gobierno regional en la Nueva España una carta en la que pretende desmentir los supuestos infundios dirigidos contra su trayectoria como responsable de la correspondiente Dirección General. Era de prever que puesta a dar ese paso se informara siquiera acerca de la materia sobre la que iba a escribir. Naturalmente, no lo ha hecho y el resultado es algo más que una ficta confessio acerca de la supina incompetencia e ignorancia de la Sra. Directora. Se impone no ya una dimisión sino un cese fulminante y la consiguiente dimisión de la Conseyera de Cultura responsable de tal designación.